Foto: El Comercio

 

Aunque en el Perú se han dado avances importantes durante los últimos años hacia la igualdad de género, aún nos queda un largo camino por recorrer. Las brechas estructurales a las que se enfrentan las mujeres diariamente se ven reflejadas en violencia y limitaciones en el ejercicio pleno de sus derechos. 

Para hacerle frente a esta problemática, se suscribió el “Pacto Nacional de Lucha contra la Violencia y la Discriminación hacia las Mujeres y por el Pleno Ejercicio de sus Derechos.” el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, durante el Foro del Acuerdo Nacional en Perú.

Max Hernández, Secretario Ejecutivo del Acuerdo Nacional, comenta cómo fue el proceso y cuáles son los alcances esperados del Pacto Nacional, hacia un futuro con igualdad para todas  las mujeres del Perú.

 

Pregunta.- A 200 años de la independencia, este pacto nacional resulta clave para avanzar en materia de derechos de las mujeres en el país, ¿cómo surge la iniciativa de hacer y firmar el pacto?

 

Respuesta.- Max Hernández (MH): En el Acuerdo Nacional estábamos muy conscientes de que no tenemos una representación institucional de la mujer. Entonces siempre buscábamos una manera de que la voz de las mujeres pudiera estar representada, y digo las mujeres porque, particularmente en el Perú, no podemos hablar de la mujer, sino de las mujeres.

También el PNUD ha insistido muchísimo en la importancia del tema. Yo lo tenía presente, pero esta era una insistencia importante.

Cuando la congresista Arlette Contreras, pide conversar con la Secretaría Ejecutiva del Acuerdo Nacional,  debo decir que me sentí particularmente llamado.

Además en una sesión informativa del Acuerdo Nacional se pudo escuchar las voces de las dirigentas de tres importantes instituciones feministas del Perú: Demus, Manuela Ramos y Flora Tristán. No es que todas las instituciones del Acuerdo Nacional estén de acuerdo con sus propuestas, pero se pudo escuchar.

Todo eso convergió en que comenzara a plantear la necesidad de sacar un compromiso o un pacto en ese sentido. Por supuesto estoy hablando de una aventura personal, pero todo el Acuerdo Nacional coincidía porque deben haber vivido, desde sus particulares perspectivas, experiencias similares de sensibilización de este tema tan importante. Y como somos una institución que busca consensos, logramos este pacto que para muchos no tiene todo lo que tendría que tener. Para algunos tiene hasta un poco más de lo que hubieran querido que fuera, pero es algo de particular relevancia porque es un pacto simbólico y aparece en un momento simbólico de nuestra República.

 

P.- Teniendo tantas posiciones distintas , ¿cómo fue llegar al consenso sobre este pacto?

 

R. - (MH): Difícil es siempre buscar un consenso. Pero en el Acuerdo Nacional a lo largo de estos casi 20 años de su existencia, tenemos la idea de que debemos buscar un consenso. Y por lo tanto, somos de una cortesía y una vocación de escucha importante, lo cual no quiere decir que seamos todos capaces de escuchar. Todos tenemos muy claro que escuchar es más importante que hablar. Hay momentos en que en el Acuerdo percibimos cómo cuando hay dos posiciones antagónicas, la argumentación de una de las partes influye en la otra. Y cómo posiciones que parecían irreductibles, no son irreductibles.

Ahora, lamentablemente, me temo que en estos momentos hay una polarización feroz y la polarización lo que genera es aferrarse de la manera más petrificada a ciertas convicciones o, lo que es peor, a ciertas fórmulas verbales que impiden pensar. Lo importante es que con este pacto, estamos luchando contra la violencia y la discriminación de todas maneras, pero también por el pleno ejercicio de los derechos de las mujeres. Y esto es un paso enormemente importante. Lo que queremos ahora es primero que nada, distribuir, difundir, llevar este pacto a la mayor parte de las instituciones y a la sociedad en su conjunto, pero que sea un pacto que pueda leerse e interiorizarse en su dimensión más profunda.

 

P.- ¿Cuáles considera que son algunos aspectos a destacar en el Pacto Nacional?

 

R. - (MH): Se ha puesto en relieve la gravedad del problema de la violencia contra las mujeres exacerbada en esta época de pandemia. Hemos planteado también la necesidad de brindar un trato digno a las víctimas y de evitar su revictimización y que esto se tiene que hacer mediante acciones de prevención.

Hemos ido un poquito más allá o bastante más allá. Hemos reconocido el deber de la sociedad, no sólo de las mujeres, de proteger los derechos de las mujeres, de fomentar programas de educación, de formación, de capacitación que permitan a las mujeres alcanzar autonomía económica, acceso al trabajo digno, pero también participar en las organizaciones sociales y comunales, de manera que todo esto incida de verdad en la igualdad de oportunidades para las mujeres y que estén realmente reconocidas, aceptadas y valoradas.

 

P.- El aumento de la violencia que menciona, ¿de qué manera afecta la salud mental, no solo de las víctimas, sino de la sociedad?

 

R. - (MH): La salud mental no es solamente aquello que afecta a la víctima. Porque un victimario es alguien que también está padeciendo un serio problema de salud mental. Pero lo grave es que no todos los agresores serían catalogados como serios enfermos mentales, lo que están mostrando son las locuras privadas, que tenemos hombres y mujeres, esas locuras que no son diagnosticadas por el psiquiatra ni van a fatigar los ambientes del Larco Herrera, pero que transitan cotidianamente, que conforman aquello que Freud hubiera denominado: la psicopatología de la vida cotidiana.

Tenemos una espiral de agresión. Así como la pobreza no es sólo un asunto monetario. No es sólo un asunto cultural, es un asunto psicosocial y psicológico, la violencia tampoco es sólo la expresión última de esta violencia. Es una cultura de la violencia.

Son múltiples formas, y es un gravísimo problema de salud mental. Y sabemos que en una situación como ésta, de pandemia, recluidos como estamos, no sólo en nuestras casas, quienes tenemos casas. El encierro en una bruma de incertidumbre, de terror a la muerte, de falta de esos contactos que nos refuerzan las ganas de vivir, que nos refuerzan la propia autoestima, encerrados en eso la violencia aumenta.

 

P.- En el pacto se resalta la importancia del enfoque intercultural. Se hace hincapié en mujeres rurales, altoandinas y amazónicas, ¿cómo se plantea este abordaje de las mujeres en su diversidad?

 

R. - (MH): Somos absolutamente conscientes de la heterogeneidad de las realidades que vivimos en nuestra sociedad, pero esta heterogeneidad expresa diversas vulnerabilidades y diversas necesidades específicas de derechos. La diversidad de ámbitos territoriales, la pluralidad cultural, pero además la especial vulnerabilidad de la mujer y las mujeres en los ámbitos rurales y en los ámbitos más distantes de la capacidad funcional del Estado. Entonces estamos planteando algunas cosas que intentan de alguna manera, no digo mitigar, paliar, pero de alguna manera atender esta heterogeneidad. Hemos planteado, por ejemplo, que se pueda sentar una denuncia en el idioma de la persona victimizada. Que la información acerca de los procedimientos legales sea absolutamente posible en los lenguajes de cada una de estas personas e igual el acceso a los servicios de atención que el Estado brinda de manera gratuita, pero son inaccesibles y no hay manera de comunicarse con ellos.

 

P.- A partir de este hito, ¿cuál es el mensaje se quiere dar a la sociedad, a las mujeres que han sido afectadas por la violencia y las personas que indirectamente también han sido afectadas?

 

R. - (MH): Lo primero es expresar la solidaridad con las víctimas y resaltar la resiliencia. Hay traumas brutales que marcan, que dejan cicatrices, pero la vida puede continuar. Y esto es muy importante. Este pacto es apenas un puntito de partida. Pero es un puntito, así como la tierra es desde lejos un pequeño punto azul, este es un puntito que es inmenso y es una plataforma para seguir pensando.

Y seguir pensando hombres y mujeres en la necesidad de una igualdad entre estas dos grandes mitades de la población.  Porque las mujeres sabemos, no son una minoría. Pero estoy mencionando como también el tema de las mujeres, en tanto que ha sido discriminada y marginada, es un poco un emblema de los derechos de todos los sectores vulnerables.

 

 

P.- Estando a pocas semanas de las Elecciones Generales, que cambiarán a los representantes del gobierno nacional, el Poder Legislativo y las personas que han estado involucradas en este proceso, ¿cuáles serían sus expectativas para el nuevo gobierno?

 

R. - (MH): Yo creo que la sociedad ahora, ya no el Acuerdo Nacional, la sociedad en su conjunto, hombres y mujeres deben difundir este pacto. Si este pacto no se hace conciencia, si este pacto no se interioriza va a ser papel mojado. Y hay una lamentable tradición entre nosotros de que las leyes son eso, apenas papel mojado.

 

Lo importante es que es un pacto para leerlo y para interiorizar. Habrá partes que afectan más a ciertos sectores que a otros. Esas personas defienden esa parte y las otras defenderán otra. Y el conjunto defenderá todo el pacto. Es una tarea para nosotros. Evidentemente es una tarea para quien gobierne el país. Y sabemos como están las cosas, que gobernar no va a ser fácil. Hay esa fragmentación ahí, esa pluralidad de alternativas, hay posiciones que parecen ser irreductibles.

Quisiera que en términos del futuro político, que las personas interesadas en el pacto lo planteen de inmediato a los congresistas, o cuando menos, a los congresistas elegidos con mayor número de votos en cada uno de los partidos que van a llegar al Congreso, que les hagan ver la importancia de este pacto. Esto es una tarea de todos.

Lo único que puedo decirles, esperemos que esto implique una movilización, repito no sólo de las mujeres.

 

Entrevista por Sally Jabiel y Daniella Toce

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