Sus abuelos le contaron que hubo un tiempo en que la montaña de Siete Colores era blanca. “De eso no queda nada”, recuerda Rosaurelia Yupanqui. Cuando la nieve se derritió, los colores de la montaña Vinicunca quedaron al descubierto, convirtiéndola en el segundo destino más visitado, tras Machu Picchu.

Rosaurelia es la cocreadora de Ccapac Ñac, una asociación de agricultores de mashua en la comunidad Chillihuani en Cusco. Su objetivo: rescatar la diversidad de este tubérculo ancestral y darlo a conocer a los turistas que transitan en su ruta a esa montaña.

Al igual que la nieve de Vinicunca, los suelos se degradaron y algunos tubérculos se fueron perdiendo. Pero la mashua es milenaria y, como tal, es identitaria para las comunidades. “Si perdemos nuestra cultura es como quitarnos una parte de nuestra vida”, explica Rosaurelia que, junto a su comunidad, decidió rescatar este tubérculo valorado por sus propiedades nutritivas y medicinales.

Como en gran parte de las zonas andinas, los jóvenes de Chillihuani han ido migrando a las ciudades y es que según el Índice de Desarrollo Humano de 2019 en el distrito de Cusipata —donde se ubica esta comunidad— el ingreso per capita por familia apenas alcanza los 80 dólares al mes. “Al principio a mi familia le causó gracia que trabaje en la chacra”, admite Rosaurelia quien se quedó para generar un cambio.

A sus 30 años, Rosaurelia se declara amante de la agricultura orgánica y cree en el poder de las mujeres para liderar soluciones en sus comunidades. Su solución es, precisamente, integrar la mashua al creciente mercado turístico de la montaña.

A inicios de 2019, esta solución ganó un concurso del Programa de Pequeñas Donaciones del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) —implementado por PNUD con respaldo del Ministerio del Ambiente— que financia y asesora emprendimientos comunitarios que generan medios de vida innovadores y resilientes al clima.

Desde entonces han logrado recuperar 30 variedades de este tubérculo gracias a la práctica ancestral de intercambiar semillas entre agricultores. Y eso no es todo. Ahora la asociación ha empezado a crear mermeladas, refrescos y vinos a base de mashua que prometen conquistar a los turistas.

“Tengo memoria desde los 3 años cuando mi mamá me traía a cosechar mashua porque acá las mujeres así trabajan”. A Rosaurelia esos recuerdos la inspiran. “Las mujeres acá somos bien fuertes porque el clima así nos ha formado”, resalta esta lideresa quien, sin duda, es un ejemplo de esa fortaleza que se está gestando desde las alturas para sembrar cambios.

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