Las mascarillas se han vuelto el emblema contra esta pandemia. Las hay de todos los colores, estampados y materiales. Las hay médicas, ecológicas y hasta caseras. Y entre tantas alternativas para cubrirnos el rostro, están también las mascarillas violetas que hoy simbolizan nuestra lucha, compromiso y unión contra la violencia de género en Perú. Al usarlas, el mensaje hacia cada mujer es claro y contundente: NO ESTÁS SOLA.

 

 

 



Desde hace décadas, el violeta es el color símbolo de la lucha feminista por lograr la igualdad de género en todo el mundo. Una lucha que según Natalia Iguiñiz, fundadora de Ni Una Menos en Perú, “lamentablemente sigue siendo vital”. Esta semana, entonces, una marea de mascarillas violetas llenará las redes sociales en nuestro país. Desde ciudadanos, ciudadanas, líderes y lideresas sociales, representantes políticos, activistas, periodistas y artistas comparten por estos días sus fotos luciendo estos cubrebocas.



La campaña #MascarillaVioleta se ha lanzado desde el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). como parte de la iniciativa No estás sola, que se realiza en conjunto con el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Así, las mascarillas violetas que hoy usamos para protegernos de este coronavirus son un símbolo de lucha, solidaridad y compromiso para acabar con la violencia machista en el país.

 

 

 

 

 



Mucho antes de este coronavirus, la violencia contra las mujeres ya era un problema de salud pública que alcazaba, según la Organización Mundial de la Salud, proporciones epidémicas. Como asegura la activista Iguiñiz, “para niñas, mujeres y personas LGBTQ+ es una epidemia sobre otra y en muchos casos se suma el racismo y la pobreza. La afectación de derechos es triple o cuádruple. La mascarilla violeta evidencia que hay que protegernos de ambas pandemias, una más evidente que hoy parece ser tema de todas y todos, y otra que debería serlo”.

 

 



De acuerdo a información del MIMP, a más de 50 días de aislamiento obligatorio en Perú esta violencia basada en género se ha hecho por mucho evidente: más de 28,000 llamadas han sido atendidas en la Línea 100 del MIMP, 3763 hombres han sido detenidos por agresiones a mujeres y 12 feminicidios han ocurrido.

 

 



Y es que detrás de todas estas cifras hay un sinfín de experiencias de mujeres que en esta pandemia viven un doble confinamiento: el provocado por este virus y el que sufren al estar encerradas con su agresor. Si antes ya tenían dificultades para denunciar dicha violencia, ahora las mujeres no pueden salir de sus hogares o hacer llamadas porque están en contacto las 24 horas del día con su maltratador y sus redes de apoyo son más limitadas. Por si no bastara, está el temor al contagio de este virus al salir por ayuda.

Ese podría ser el caso, por ejemplo, del 75% de las mujeres del distrito de Villa El Salvador que, según un informe del PNUD, han sufrido algún tipo de violencia basada en el género durante su vida. “Pensamos que en esta cuarentena habría menos violencia y ha sido lo contrario”, explica Bertha Jauregui del Colectivo de Concertación por la Equidad de Género en ese distrito. “No podemos dejar que este virus nos haga retroceder contra esta violencia que nos agrede permanente e intergeneracionalmente. Somos una comunidad solidaria, tenemos que hacer sentir a las víctimas que no están solas”, enfatiza.



Más allá del movimiento de las mascarillas violetas, No estás sola supone una intervención más amplia que integra al gobierno central, los gobiernos locales, el sistema de justicia incluyendo a la Policía Nacional del Perú, el sector privado, las redes comunitarias y la ciudadanía en su conjunto.

De esta manera, la estrategia de No estás sola se centra en el poder de las alianzas para la sensibilización, la acción, el compromiso y la protección. Sensibilización para prevenir. Acción para romper el silencio. Compromiso para responder a tiempo. Y protección para frenar de una vez por todas la violencia.

"Esta es una intervención en la que todas y todos sumamos esfuerzos para llegar a las mujeres, recordarles que estamos con ellas. El gran desafío es que podamos eliminar los prejuicios y estereotipos de género que tenemos instaurados desde la infancia, desterrar la sociedad machista que agrede y mata", precisa Gloria Montegro, ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables.

Por una parte, la apuesta de No estás sola, es fortalecer la ejecución empática de las medidas de atención y protección de las víctimas y, por otra, promover una cultura de igualdad con mensajes sobre masculinidades, corresponsabilidad y prevención de violencia basada en género.

 

 

 

 



Desde el fin de semana anterior, más de 300 establecimientos aliados —entre Metro, Tottus, Inkafarma, MiFarma y los centros de abastos de las municipalidades de Lima, San Juan de Miraflores y Villa El Salvador— difundirán mensajes contra la violencia y a favor de la igualdad. Mediante perifoneos, afiches y pantallas digitales, estos establecimientos informarán además a las mujeres sobre qué servicios tienen disponibles y cómo acceder a estos para su protección en caso de violencia.

Además, No estás sola trabajará con los agentes de la policía para asegurar una ejecución más empática de las medidas de protección, así como con las municipalidades de Villa El Salvador y San Juan de Miraflores, a través de la sensibilización de los recolectores de residuos sólidos y el fortalecimiento de sus redes comunitarias en materia de igualdad. Se espera que más gobiernos locales se sumen a esta iniciativa.



Tal como afirman diversas representantes políticas, activistas y lideresas en nuestro país, urge, ante todo, poner fin a la impunidad de los agresores. Pero no solo eso pues existen normas sociales que naturalizan estas conductas, actitudes y prejuicios. Limitantes para las mujeres que deben deconstruirse.

Así las cosas, no existe mascarilla alguna que nos protega contra la violencia basada género. El remedio —o la vacuna— contra esta violencia y otras fuerzas que impiden la igualdad está en nosotras mismas y nosotros mismos. Está en el cambio cultural que impulsemos juntas y juntos, como señala Iguiñiz. Pero también en la participación política efectiva de las mujeres, como defiende Jauregui. Todas estas son transformaciones que juntas y juntos podemos y debemos lograr para vivir en sociedades sin violencia.

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