La supervivencia de más de 3,000 millones de personas en el mundo depende de la existencia de fincas, bosques y pesquerías saludables. Sin embargo, hoy presenciamos cambios drásticos en el mundo natural que no solo ponen en riesgo a estas poblaciones y a las economías globales, sino que también propician el surgimiento de enfermedades contagiosas que van a definir nuestro futuro y que nos hacen cuestionarnos cómo nos relacionamos con los ecosistemas. Sin duda, es momento de considerar que la naturaleza sustenta el desarrollo sostenible.  

En el mundo existen áreas críticas que proporcionan servicios ecosistémicos esenciales para los humanos como alimento, agua dulce, almacenamiento de carbono, formación de suelos, entre otros. Estas áreas han recibido el nombre de “Áreas esenciales para el soporte a la vida” o ELSA, por sus siglas en inglés. Teniendo en cuenta que, además, la mitad del PBI mundial depende de la naturaleza, conservar estas áreas significa garantizar el desarrollo sostenible de países enteros. Para ello, se necesita identificarlas y establecer medidas de protección que además estén en línea con las prioridades de cada país.  

 

Responder desde la naturaleza a la COVID-19 

La Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, por sus siglas en inglés) documenta un deterioro sin precedentes que pone a un millón de especies en riesgo de extinción. Más aún, este contexto nos hace comprender que cuando aumentamos el contacto entre el ser humano, la fauna y flora silvestre al invadir ecosistemas frágiles, también incrementamos el riesgo de enfermedades nuevas y contagiosas, como la COVID-19. Gabriel Quijandría, Viceministro de Desarrollo Estratégico de los Recursos Naturales del Ministerio del Ambiente (Minam), menciona la importancia de considerar la política de diversidad biológica y relacionarla con la recuperación frente a la pandemia, y además plantea la pregunta: “¿cómo redefinir nuestro vínculo con la naturaleza?”. 

En esa línea, Scott Atkinson, especialista geoespacial del PNUD, señala que hoy en día resulta esencial pensar en la detección de nuevas enfermedades y el comportamiento de sus vectores que habitan zonas de alto riesgo por la incursión humana. “La COVID-19 nos ha demostrado que lo principal es asegurar a las personas y las economías, y para ello hay que pensar en la naturaleza, en la biodiversidad, en el uso de los suelos. Todo importa”. Sin embargo, PNUD también determinó que los países incluían en promedio menos de cuatro mapas en sus planes nacionales, y sólo uno de cada tres podía utilizarse para tomar decisiones y formular políticas de conservación y desarrollo sostenible. Este es el reto que se han planteado superar Uganda, Kazajstán, Costa Rica, Colombia y Perú a través del proyecto “Mapeando la naturaleza para las personas y el planeta”, para lo cual PNUD ha reunido a expertos científicos, políticos y tomadores de decisión para desarrollar mapas de identificación de las ELSA basados en lo último de la ciencia y data geoespacial nacional disponibles. 

“Se trata de tomar decisiones que incluyan no solo áreas con belleza paisajística, sino de ecosistemas amenazados que pongan en peligro nuestra biodiversidad y nuestro bienestar. Y estas decisiones se basan en datos geoespaciales que deberán ser incluidos en la planificación multinivel“, manifiesta James Watson, científico experto de la Universidad Queensland y la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS, por sus siglas en inglés). Asimismo, remarca la importancia de utilizar las ELSA para analizar diferentes escenarios representativos de ecosistemas clave para tomar acciones frente al cambio climático y otras presiones como son los grandes paisajes conformados por áreas naturales protegidas, otras modalidades de conservación y zonas productivas, entre otros. 

 

Cocinando mejor entre todos y todas 

El modelo del proyecto se bautizó como “La Gran Enchilada” en Costa Rica. En Perú, podríamos hablar de la preparación de una Gran Empanada. Como explica Jamison Ervin, experta del PNUD, “cada país deberá identificar su propia receta con ingredientes personalizados, utilizando todas las evidencias basadas en naturaleza, clima y desarrollo sostenible”.   La receta peruana podría utilizar ingredientes tan diversos como son sus ecosistemas:  bosques tropicales, andinos, secos, humedales, entre otros. 

Esta “Gran Empanada” es el resultado de talleres y hackatones de políticas y datos realizados durante el mes de julio, en los que participó el Ministerio del Ambiente. Los resultados de este proceso se darán a conocer en la COP 25 de Diversidad Biológica 2020, pero la data generada se almacena en UN Biodiversity Lab, una plataforma gratuita y de código abierto que alberga más de 130 capas de datos geoespaciales globales sobre biodiversidad, áreas protegidas, carbono y desarrollo sostenible. Todos los países participantes, incluido Perú, tendrán acceso a esta plataforma para cargar y analizar datos. Los mapas generados funcionarán como herramienta de apoyo para que los tomadores de decisión adopten medidas pertinentes para alcanzar sus prioridades nacionales a través de la conservación de la naturaleza y el clima. 

La herramienta ayudará a identificar ecosistemas críticos para el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) relativos a la naturaleza en el marco de la Agenda 2030, y permitirá avanzar en los compromisos con las tres Convenciones de Río. Asimismo, es útil para analizar los avances de las Estrategias y Planes de Acción Nacionales sobre Diversidad Biológica (EPANDB) de cada país y hacer un mejor seguimiento de la integración de estas estrategias en los planes de desarrollo sostenible y en las estrategias para la erradicación de la pobreza, de conformidad con lo establecido en la Decisión 14/1 de la Conferencia de las Partes del CBD. 

En paralelo, cada país cuenta con preguntas propias que busca responder y visualizar en un mapa con datos científicos para la toma de decisiones. Por ejemplo, en Costa Rica se preguntaron cómo incluir un centro verde en San José, mientras que en Uganda se buscaron soluciones para la prevención de desastres. El Gobierno Peruano ya identificó cómo aprovechar el modelo ELSA: en la planificación de una recuperación verde post COVID-19 que garantice la generación de empleos en sintonía con la naturaleza. Los datos geoespaciales de Perú se recogerán en la región Ucayali por su megadiversidad biológica y también cultural, ya que su territorio alberga a 20 pueblos indígenas.  

El mapeo de las ELSA se desarrolla en Perú mediante talleres virtuales multisectoriales en plena pandemia. Este contexto ha puesto en relieve la necesidad de identificar en la naturaleza aquellas áreas clave que aportan con recursos al desarrollo sostenible y, nos invita a poner especial atención a las estrategias desplegadas por los pueblos originarios para responder ante la crisis en armonía con el territorio.  En palabras de María del Carmen Sacasa, Representante Residente del PNUD en Perú, “con ELSA   iniciamos el proceso de inteligencia colectiva para identificar las áreas clave de soporte a la vida. A partir de ello, podemos trazar la ruta hacia el desarrollo sostenible, y la respuesta y recuperación frente a la COVID-19". 

 

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