El turismo está en cuarentena en todo el mundo y Perú no es la excepción. Desde el transporte aéreo, los alojamientos, la gastronomía hasta los emprendedores rurales comunitarios, toda la oferta turística en el país, que da trabajo a 1,3 millones de personas, está paralizada para aplanar la curva de la COVID-19 cuanto antes.


El Perú es un destino turístico por excelencia. Tan solo el año pasado recibió cerca de 4.4 millones de turistas en Lima, Cusco, Tacna, Puno y Arequipa. El turismo representa el 3.6% del PBI nacional por lo cual esta pandemia, que prevé una considerable reducción del flujo de turistas europeos y americanos a toda la región Latinoamericana, trae consigo una severa desaceleración para este sector, tras un constante crecimiento desde hace más de 20 años.

Según la Cámara Nacional de Turismo, representante del gremio privado en el Perú, esta crisis afectará a cerca de 800 mil empleos y provocará una pérdida económica de aproximadamente 2000 mil millones de dólares, que se sentirán en mayor medida en las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), las cuales son el 92% del ecosistema empresarial del sector. Dentro de estas mipymes, uno de los anfitriones turísticos más sensibles son los emprendedores rurales comunitarios en turismo, quienes desde hace años vienen incorporando gradualmente esta actividad dentro de sus esquemas productivos.

Esta crisis trae consigo un desafío doble. Por un lado, el establecer conjuntamente desde el Estado peruano los espacios para garantizar la reactivación de los negocios turísticos tras la emergencia, y por otro, el no dejar de generar confianza en la oferta país. Esta confianza no solo debe responder a esta pandemia, con nuevos formatos de consumo y fórmulas de visita, al igual que requerimientos de seguridad; sino a las personas que encontraron en el turismo una oportunidad de desarrollo e inclusión económica y social.

Frente a este desafío, el Gobierno peruano ya ha puesto en marcha facilidades de orden tributario para empresas turísticas y un fondo para las cuarentenas en hoteles de posibles contagiados del virus; mientras que la Cámara Nacional de Turismo ha propiciado acuerdos de colaboración con los ministerios competentes.

Además, a través de PromPerú se vienen elaborando planes para que tras la crisis se reactiven los viajes internos como herramienta paliativa al futuro crecimiento lento de los viajes internacionales; de la mano con una campaña que afiance la confianza para que los peruanos realicen estos viajes al interior del país. La oportunidad está, precisamente, en los emprendimientos de turismo rural como espacios con una oferta que se puede adaptar mejor a los nuevos turistas luego de la emergencia y con un fortalecimiento de sus procedimientos de sanidad.

Desde nuestra experiencia en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo trabajando junto al Gobierno peruano para afianzar estos emprendimientos, queremos destacar también la oportunidad de apostar por los mercados latinoamericanos, fortaleciendo las estrategias de promoción en fronteras implementadas por PromPerú desde hace casi tres años.

Asimismo es indispensable, y esta pandemia lo ha demostrado, el avance digital del sector turístico. Este avance implica el desarrollo de capacidades locales digitales, en particular, en emprendimientos emergentes, al igual que la promoción de recorridos virtuales y contenidos de la oferta local del patrimonio alimentario, del arte local, entre otros.

Con todos sus efectos, esta crisis implica que trabajemos nuevos paradigmas de desarrollo turístico que apuesten no solo por la recuperación de ingresos sino por la confianza a nivel nacional e internacional. En eso reiteramos el valor de repensar el turismo sostenible como un pilar más allá de las etiquetas y de reencontrar en los emprendimientos de turismo rural comunitario de la mano de nuevos destinos, una alternativa desmasificada y original, donde la creación de lazos sea el verdadero hecho turístico.

Si se gestiona de manera responsable, el turismo puede salir de esta emergencia más fuerte como un sector que continúe creando oportunidades de desarrollo para millones de personas en el Perú y el mundo. Así, quedan sentadas las bases de prospectiva de un futuro desafiante.

 

Por Richard Bazán y Valentin Canales, Proyecto Qhapaq Ñan, PNUD Perú

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