El hogar es el espacio, por ahora, de confinamiento obligatorio para responder a la propagación de la COVID-19. Sin embargo, la idea de hogar como espacio íntimo, sereno y seguro no siempre es la misma para muchas mujeres y niñas. Entonces, ¿qué sucede con aquellas mujeres y niñas que no están seguras allí, donde más deberían estarlo? ¿Cómo llegamos dentro de sus hogares en estos tiempos de encierro y de poco contacto para frenar esa violencia de género? 

El Perú es uno de los países con los indicadores de mayor violencia de género en el mundo. De acuerdo con cifras oficiales, 7 de cada 10 mujeres en este país han sufrido esta violencia alguna vez en sus vidas, siendo principalmente el hogar donde se viven las formas más graves de inseguridad y violencia. Esta realidad se hace más visible, y mucho más preocupante, durante este confinamiento. Tan solo en los primeros seis días de que en Perú comenzó esta medida para aplanar la curva de contagio, se registraron 2.463 denuncias por violencia contra la mujer y el grupo familiar en la Línea 100 del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables. Así, la realidad es que, queriendo resguardarse del coronavirus, muchas mujeres y niñas se ven obligadas a convivir con su agresor. 

Aunque este confinamiento supone ahora un desafío aún mayor para llegar a cada uno de los hogares, desde el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) lo estamos asumiendo con una respuesta integrada que reactiva nuestras redes y suma a nuestros socios de larga ruta contra la violencia de género en el país. Gobiernos locales, comisarías, empresa privada, y por supuesto, la comunidad, motor valioso en cada una de nuestras iniciativas, se están articulando para responder juntos a esta violencia que la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó como “un problema de salud global de proporciones pandémicas”.

Nunca ha sido fácil llegar a estos espacios tan íntimos y, según el Observatorio Nacional de la violencia contra las mujeres e integrantes del grupo familiar, tan solo el 30% de mujeres víctimas denuncia estos hechos. Si antes de la cuarentena esta violencia era un problema del que costaba hablar fuera de casa, hoy en esta situación, donde las puertas están literalmente cerradas, tenemos que redoblar los esfuerzos.

En esta cuarentena, entonces, estamos llegando a cada familia con mensajes de soporte, información y soluciones innovadoras que nos permitan prevenir la violencia basada en género y el feminicidio durante el Estado de Emergencia, de la mano con el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, en los distritos de Lima, Villa El Salvador y San Juan de Miraflores.

Una de esas soluciones se da, por ejemplo, a través de las canastas de víveres entregadas por los gobiernos locales donde incluimos mensajes de igualdad y prevención de violencia. Así, entramos a más de 4000 hogares para que las víctimas o posibles víctimas estén informadas de a dónde pueden acudir, a qué números de emergencia llamar y si es que pueden salir en caso de agresiones. Las familias, en tanto, se concientizan sobre la importancia de la igualdad de género, la corresponsabilidad y las labores de cuidado. 

En paralelo, trabajamos con quienes están en la primera línea de respuesta a esta pandemia: las recolectoras y recolectores de residuos sólidos y la Policía Nacional del Perú.  Héroes y heroínas invisibles que hoy más que nunca son esenciales para mantener el orden, la salud y el vínculo con las familias en cuarentena. Ambos están siendo fortalecidos y sensibilizados en temas relacionados a violencia de género, masculinidades y corresponsabilidad para acercar los servicios de atención del Estado frente a la violencia doméstica para la ciudadanía.

Por un lado, los camiones recolectores emitirán mensajes por altoparlantes sobre igualdad y prevención de la violencia, que llegarán a los hogares en sus rutas. Esto será importante para conectar con las mujeres quienes, por los sesgos y roles de género, asumen labores domésticas como sacar los residuos. Por otro lado, las comisarías de cada sector operarán un protocolo de acuerdo con un seguimiento georreferenciado de las medidas de protección de víctimas que permita la comprobación de las medidas, así como la implementación de un mapa que permita ubicar las zonas con mayor incidencia de violencia doméstica. 

Pero todos estos esfuerzos requieren, por mucho, la participación de la misma comunidad. Por eso, estamos reactivando las redes de apoyo comunitarias de estos distritos y del sector privado para contar con una red integrada que llegue a la mayor cantidad de mujeres y familias en confinamiento, y que construya puentes entre las víctimas, los testigos de violencia, y los servicios de respuesta a la violencia, mejorando la respuesta temprana y garantizando el ejercicio de derechos de la ciudadanía. 

Sabemos que esta emergencia demanda nuevas formas de organizarnos, relacionarnos y protegernos ante un virus que día a día va cobrando mayor número de vidas. Desde el PNUD trabajamos con creatividad, innovación y compromiso para impulsar soluciones de cara a estos nuevos tiempos, soluciones que protegen a mujeres y niñas, porque en esta emergencia nuestros derechos no están en cuarentena. 

 

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