¿Cuáles son los frutos más difíciles de alcanzar en el desarrollo de la región?

24 ene 2013

image Foto: UNPhoto/M. Grant

Por: Susana Martínez Restrepo para la Revista Humanum.


¿Podemos esperar una mayor reducción de la pobreza con un mayor crecimiento económico en América Latina y el Caribe? A primera vista, se esperaría alcanzar mayores logros a partir de un mayor crecimiento de los salarios y la expansión de las transferencias sociales existentes. Sin embargo, gran parte de los individuos que continúan en la pobreza -167 millones de personas en la región– está concentrada en bolsones difíciles de alcanzar, así como en áreas geográficas que han sido excluidas de los sectores más dinámicos del mercado de trabajo y de las redes de seguridad social.

Debido a estos desafíos, el crecimiento económico por sí mismo no es suficiente. No sólo gran parte de las economías de la región –empezando por Brasil y Chile- están empezando a reducir la velocidad de su crecimiento, sino que hemos llegado a un punto de “rendimientos decrecientes” donde más reducción de la pobreza con más de lo mismo, no será posible. Son necesarias políticas específicas que identifiquen y alcancen “los frutos o logros más difíciles del desarrollo”.

Es crucial identificar a los subgrupos de la población que se han beneficiado más en la última década (los frutos o logros fáciles) y aquellos que se han beneficiado menos (los frutos o logros difíciles) en términos de participación laboral e ingresos.[1] La participación laboral y los ingresos han aumentado desde 1995, pero de manera desigual, beneficiando principalmente a hombres de 25 a 64 años, dejando atrás a mujeres y jóvenes, sobre todo en los segmentos más pobres de la población. Además, el tipo de participación laboral se ha expandido de manera desigual entre los sectores de la economía. Actualmente, en América Latina el sector de servicios representa el 60% del empleo total.

Por otra parte, los logros más difíciles de alcanzar incluyen sobre todo a las mujeres, los jóvenes, los individuos que han dejado el mercado laboral y aquellos que no forman parte o nunca han formado parte de la población económicamente activa, como los “Ninis” (jóvenes que ni estudian ni trabajan). Un grupo particularmente significativo está compuesto por mujeres de bajos ingresos que cuentan con poca educación y/o capacidades laborales, así como jóvenes con estudios a nivel de preparatoria.

La transformación económica de la región se caracteriza por trabajadores que están abandonando los empleos de baja cualificación y productividad en el sector agrícola o trabajos con mayores sueldos y productividad en el sector manufacturero, para ocupar puestos de baja cualificación en el sector de servicios, generalmente en empleos informales (servicio doméstico, vendedores ambulantes, entre otros). Así, a pesar de que fácilmente fueron adquiridos mayores ingresos y empleo para hombres adultos en años recientes, muchos son trabajadores no cualificados, con trabajos precarios de baja productividad en el sector informal de servicios.

La extrema concentración de puestos de trabajo en el sector servicios en países cuyas economías están basadas principalmente en la exportación de materias primas puede ser muy alarmante. Debido a su estado de vulnerabilidad frente a crisis económicas, cambios en el consumo y una desaceleración en el crecimiento económico así como volatilidad en los precios de los bienes de consumo, muchos de aquellos que se han visto beneficiados del crecimiento económico fácilmente podrían volver a caer en la condición de pobreza. La creación de más empleos o cambios en la proporción en el empleo de un sector determinado (por ejemplo, del sector primario a servicios) no necesariamente resultarán en mejores ingresos laborales a futuro.

Sobre los frutos o logros más difíciles de alcanzar

A medida que avanzamos, es útil pensar en el modo en que la trayectoria latinoamericana en la reducción de la pobreza guarda relación con el progreso social futuro. Conforme se avanza, van desapareciendo los frutos fáciles. Es necesario entender las barreras estructurales, sociales e inclusive psicológicas que mantienen a algunos segmentos de la población tan lejos del desarrollo.

En un mundo ideal seríamos capaces de describir la trayectoria precisa de los logros actuales, por ejemplo, saber con exactitud si actualmente los programas de transferencias monetarias condicionadas siguen teniendo un impacto positivo, si sus rendimientos empiezan a ser  decrecientes, o si las restricciones de oferta han comenzado a limitar sus logros. Con este tipo de información, podríamos asignar de manera distinta los recursos escasos o tomar medidas para hacer frente a las limitaciones estructurales según el caso. Lamentablemente, desconocemos el punto en que los frutos fáciles se convierten en frutos difíciles de alcanzar. Nos damos cuenta que estamos frente a una limitación estructural cuando nos encontramos con una asignación fiscal agotada. Sabemos que es necesario empezar por mejorar la calidad en la oferta de servicios de salud y educación para los más pobres, que se necesitan iniciativas en el mercado laboral direccionadas a la educación para el trabajo, mejoras en la productividad (particularmente en el sector servicios), y que necesitamos repensar los roles de género en el hogar y en el trabajo para alcanzar una reducción de las brechas existentes.

Finalmente, para identificar y crear políticas direccionadas a los “frutos difíciles” en el desarrollo de América Latina y las diferentes barreras de movilidad social, es necesario incluir medidas de bienestar faltantes –como calidad del trabajo, seguridad personal, empoderamiento social, asignación de tiempo, empoderamiento social y privaciones en los ámbitos de alimentación, educación, salud y capacidades.[2] Comprender estas dimensiones faltantes permitirá que los encargados de formular políticas respondan con políticas más eficaces de inclusión social y reducción de la pobreza.

Como mencioné anteriormente, debido a la ausencia de información y datos concretos, el lugar dónde los frutos fáciles de alcanzar se convierten en frutos difíciles permanece desconocido. Muy a menudo, ocurre que el momento en que estamos cerca de identificar un obstáculo estructural coincide con el agotamiento de los recursos monetarios para afrontarlo.

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El propósito de este documento es identificar los subgrupos de la población que más se han beneficiado en esta década (los “frutos fáciles” del progreso) y los que menos se han beneficiado (los “frutos más difíciles de alcanzar”) en términos de participación e ingresos laborales.

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