Al ritmo de un grupo de intérpretes autóctonos de pinquillos (instrumentos andinos de viento) y después del correspondiente “pago a la tierra” a cargo de una pareja de Yatiris (sabios andinos), el pasado 13 de noviembre se dio inicio a la implementación de la primera experiencia piloto que impulsa el proyecto Gestión Integrada de los Recursos Hídricos en el sistema Titicaca-Desaguadero-Poopó-Salar de Coipasa (GIRH-TDPS), a través de la ONGD Suma Marka.

Se trata del proyecto piloto “Fortalecimiento de Capacidades Ciudadanas en la Gestión Integrada de los Recursos Hídricos mediante la vigilancia y monitoreo ambiental comunitario en la microcuenca de la laguna Chacas-Juliaca” de la provincia San Román en la región de Puno, Perú, cuyo objetivo es prevenir, mitigar y remediar los impactos ambientales negativos que ejerce la presión urbana de Juliaca sobre la microcuenca.

Esta experiencia es parte de once proyectos piloto que implementan Bolivia y Perú, a través del proyecto GIRH-TDPS, con el financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF por sus siglas en inglés), a través del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. También cuenta con el cofinanciamiento de la Agencia Católica Oficial de Ayuda para Inglaterra y Gales (CAFOD).

El proyecto piloto “Fortalecimiento de Capacidades Ciudadanas en la Gestión Integrada de los Recursos Hídricos mediante la vigilancia y monitoreo ambiental comunitario en la microcuenca de la laguna Chacas-Juliaca”, se lleva a cabo con la participación de los miembros de las comunidades de Unoncolla, Cochaquinray, Kokan y Chacas.

Las herramientas y las estrategias utilizadas en esta experiencia fortalecen el involucramiento de los actores locales en el diagnóstico ambiental de su territorio, para construir una visión compartida de la unidad hidrográfica, lo cual permitirá consolidar herramientas y acciones de gestión del agua en la microcuenca, mejorando la calidad de vida de sus pobladores.

“Acá las mujeres también mandan”

Los miembros de las comunidades que celebraron el inicio del proyecto no sólo festejan al ritmo de sus melodías autóctonas, son guiados por autoridades de carácter ancestral, utilizan el excremento de su ganado como combustible y les dan a las mujeres un lugar privilegiado en la dirección de su vida social y política.

Lola Quispe Sanca, es la teniente gobernadora representante del Estado en la comunidad Campesina de Chacas, ella lleva indumentaria simbólica, como el bastón y el chicote, que expresan el respeto hacia su autoridad. Tiene 54 años y ha ejercido cuatro cargos directivos anteriormente.

“En mi comunidad estamos empadronados para cumplir nuestros deberes, es lo que me tocó y tengo que cumplir por obligación, es mi deber. Las mujeres aquí somos iguales que los hombres, quizás en otras comunidades sigue el machismo, acá las mujeres también mandan”, dice mostrando con orgullo su bastón de mando.

Quispe cuenta que la comunidad campesina de Chacas está aún lejos de la contaminación, pero el proceso de urbanización de Juliaca hace presión sobre los recursos de la población de manera significativa en la parte baja de la microcuenca, incrementando la contaminación de cuerpos de agua y alterando las condiciones del ecosistema y la vulnerabilidad ante los efectos del cambio climático.

“Acá estamos lejos de la contaminación, pero más allá ya no dejamos entrar a los ganados a la laguna porque la comunidad de Cochakinray ha sembrado criaderos de truchas que enferman el agua que toma el ganado”, sostiene Lola Quispe, que durante años ha ejercido como presidente de su comunidad, como miembro del núcleo ejecutor de agua potable, como miembro del comité de electrificación y como miembro del comité electoral.

 

Pobreza extrema

Las comunidades campesinas de Unocolla, Kokan, Cochaquinray y Chacas, según datos del INEI 2012, tienen un índice de pobreza extrema de 10,58%; entre pobreza y pobreza extrema de las comunidades campesinas, el índice supera 60.0%. Los pobladores migran hacia la ciudad de Juliaca y otras ciudades de la región sur en busca de mejores condiciones de vida que les permita el sustento económico familiar requerido.

La experiencia piloto tiene posibilidades de réplica en el ámbito del sistema Titicaca-Desaguadero-Poopó-Salar de Coipasa (TDPS), e incluso ir más allá del sistema en unidades hidrográficas donde los pobladores puedan llevar a cabo sus propias acciones de gestión del agua en favor de la protección del medio ambiente.

 

 

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