Los ECOHÉROES: Historias de peruanos que no dejaron morir su tierra en Apurímac

12 jun 2013

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Eugenio Páucar y Griselda Letona son héroes anónimos que luchan por conservar la biodiversidad de su tierra. Ambos se dedican a la agricultura en las comunidades de San Antonio y de Acpitan, en Apurímac; y han conseguido enriquecer sus tierras que antes corrían el riesgo de perderse por la desertificación, gracias al uso de tecnologías ancestrales como los andenes.

Ahora, siembran todo tipo de cultivos agroecológicos que les sirven para su consumo directo y la comercialización, viven en armonía con el ambiente y contribuyen a la preservación de nuestra diversidad genética asesorados por el Proyecto “Promoviendo el Manejo Sostenible de la Tierra en Apurímac” (MST-Apurímac), con recursos del Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF), gestionado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo e implementado por el Ministerio del Ambiente.

Así como ellos, son cada vez son más los campesinos en las provincias de Cotabambas, Antabamba y Grau, quienes apuestan por lo orgánico y la revaloración de sus tierras, enfrentándose día a día a un fenómeno de desertificación que avanza a pasos agigantados y amenaza con dejar estéril la tierra que los alimenta desde tiempos inmemoriales.

Historias como las de Eugenio o Griselda han sido recogidas en el libro “ECOHÉROES: La Ruta Verde de los Peruanos del Mañana” que será presentado por el ministro del Ambiente, Manuel Pulgar-Vidal  y la Coordinadora Residente de Naciones Unidas y Representante Residente del PNUD en el Perú, Rebeca Arias, este jueves 13 de junio y que busca contagiar el espíritu emprendedor de este grupo de campesinos de Apurímac a todos los peruanos. 

EL PROYECTO

El MST es el primer proyecto ambiental de gran envergadura situado en las subcuenca alta y media del río Vilcabamba y en la subcuenca media del río Santo Tomás, dedicado al aprovechamiento sostenible de los recursos naturales y de la diversidad biológica en el Perú.

El proyecto promueve desde el 2010 la interacción del Estado (a nivel nacional, regional y local), el sector privado y la sociedad civil; educa a los pequeños productores en labores de prevención y conservación de sus suelos a través de las “prácticas complementarias” que son un conjunto de conocimientos que combinan los saberes ancestrales y los nuevos sistemas de producción para disminuir la presión sobre el poco terreno productivo.

Ese manejo de la tierra es fundamental para poder llegar a los mercados internacionales. Y por ello lograr la vinculación cambio climático, biocomercio, agricultores y tierras bien manejadas es esencial. Las consecuencias son muy positivas en varios niveles: se recupera el suelo, se desarrollan nuevos mercados y se ayuda a crecer a Apurímac, una región con un nivel de pobreza elevado.

DESERTIFICACIÓN EN APURÍMAC

Apurímac es una de las regiones del Perú más afectada por la desertificación. Los niveles de degradación de su tierra son extremadamente altos. En las provincias de Cotabambas y Grau el 92% del suelo es altamente vulnerable a la erosión y la desertificación. Y eso se traduce en una productividad cada vez menor de sus ecosistemas.

Este proceso, en el que influye la alta inestabilidad climática de las montañas de Apurímac, es consecuencia del calentamiento global, pero también de la mano de un hombre que deforesta sin pensar en las consecuencias, cultiva de forma muchas veces contraproducente y extrae de las entrañas de la tierra el mineral sin ningún criterio de sostenibilidad ambiental.

En Apurímac, 44  de sus 80 distritos tienen una alta vulnerabilidad frente a los eventos extremos producidos por el cambio climático.