Crear un futuro seguro e igualitario para las personas gays, lesbianas, bisexuales y transgénero

17 may 2013

El mes pasado, mi país, Nueva Zelandia, se convirtió en el decimotercer país del mundo y el primero de la región Asia-Pacífico en legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo. Cuando se anunciaron los resultados, los legisladores y los testigos de la histórica votación adoptada por el Parlamento se pusieron a entonar una canción de amor maorí como muestra de celebración.

En los Estados Unidos, una mayoría de la población considera ya que el matrimonio entre personas del mismo sexo debería ser legal, y vemos a varios estados dar pasos en esa dirección.

Hoy, al celebrar el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia, resulta tentador fijar nuestra atención en esas victorias. Pero todavía queda mucho por hacer para proteger los derechos de las personas gays, lesbianas y transgénero y garantizar que puedan vivir sus vidas sin violencia, sin intimidación y sin tener que ocultar su condición. 

El organismo de las Naciones Unidas que dirijo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), está presente sobre el terreno en más de 170 países y territorios, ejecutando programas que tienen como eje el derecho de todas las personas a acceder a servicios importantes y a una vida digna. Muchas de las personas con las que trabajamos se ven excluidas de las oportunidades de desarrollo específicamente por su orientación sexual o expresión de género, lo que contribuye a los asombrosos niveles de desigualdad existentes en el mundo. Estas desigualdades obstaculizan el avance del desarrollo para la sociedad en su conjunto.

Por ejemplo, en el mundo hay 78 países que criminalizan la actividad sexual entre personas del mismo sexo, según datos de la Comisión Global sobre VIH y Derecho, dirigida por el PNUD. Las penas oscilan entre sentencias de cárcel y la ejecución. En los países caribeños en los que se criminaliza la homosexualidad, casi uno de cada cuatro hombres que mantiene relaciones sexuales con otros hombres es seropositivo, comparado con uno de cada 15 en los países donde no es ilegal.

Las personas transgénero afrontan a menudo niveles extremos de prejuicios y violencia; muchos países rehúsan reconocerles la condición de personas legales, bien sea por ley o por uso. A muchas de ellas se les niegan los documentos de identificación correctos que necesitan para acceder a derechos y servicios básicos, como empleo, atención médica, viajar, y participar en el proceso democrático. En algunos países, la simple expresión de sí misma de una persona transgénero se considera ofensa punible, y la policía a veces rehúsa detener actos de violencia contra esta población.

A través de su trabajo por los derechos humanos, el acceso a la justicia y la reforma de las leyes sobre el VIH, el PNUD va formando alianzas en muchos países con los gobiernos, la sociedad civil y las propias personas gays, lesbianas y transgénero para combatir estas injusticias tan enormes.

En la India, el PNUD trabajó con el gobierno para lograr que las redes de protección estatal, como la asistencia social o las pensiones, incluyan a las personas transgénero. Gracias en parte a una campaña nacional respaldada por el PNUD contra el estigma y la discriminación, el Ayuntamiento de la ciudad filipina de Cebú declaró ilegal por unanimidad la discriminación basada en la orientación sexual, la identidad de género y la condición de salud respecto al VIH.

Con vistas al futuro, el PNUD está prestando mayor atención a los derechos de las personas LGBT ahora que la comunidad internacional elabora la agenda de desarrollo para más allá de 2015. Cada vez más, la comunidad internacional reconoce que las personas LGBT, al igual que el resto de la humanidad, tienen derecho a vivir libres de miedo, violencia, discriminación, persecución y persistente desigualdad.

Por Helen Clark, Administradora del PNUD Declaración para el Día Internacional contra la Homofobia y la Transofobia