El distrito que no se dejó enterrar

Valentina y Luis Valentino

“Yo tenía cuatro años cuando llegaron, el primer disparo vino de allá.” Valentina levanta un dedo y señala. La mirada fija, solemne. “Nos afectó física y psicológicamente, a nuestros familiares los hacían desaparecer.”

Durante más de veinte años, el distrito de Vinchos, en Ayacucho, fue víctima de violencia. Entre tanta calma, cuesta creer en su relato, pero las cicatrices del miedo aún son visibles en la mirada fría con la que Valentina mira a la distancia, al lugar donde le dispararon a su abuelo; en las miles de personas que, como él, esperan justicia; y en las tantas otras que fueron obligadas a huir, lejos de Vinchos, pero no del miedo.

En el Perú más de la mitad de la población rural es pobre (56.1%) y entre todas las personas en pobreza extrema, el 83% habita estas zonas. La violencia que Vinchos vivió, como tantos otros distritos rurales, también alejó la inversión externa, paralizando su capacidad de desarrollo. El bajo nivel de ingreso, el incremento de efectos negativos del cambio climático, y el limitado acceso al sistema financiero formal se vuelven un enemigo peligroso, que –muchas veces- condena a estas poblaciones a una dinámica productiva de estricta autosubsistencia.

Aspectos destacados

  • En el primer año de implementación del Programa han logrado cuadruplicar los fondos iniciales
  • Se espera que al finalizar su implementación sean 40 ÚNICA’s las que estén funcionando en Ayacucho, Lambayeque, Cajamarca e Ica
  • 10,500 familias se han sumado al PRIDER, con un capital acumulado de más de 43 millones de soles.

“Mi hijo, Luis Valentino, recién va a cumplir dos años y  quiero que él tenga una mejor vida que la mía. Pero en Vinchos era difícil, no teníamos plata, ni ningún lugar de dónde sacarla.”

Es por eso que en el 2013, Valentina decidió aliarse al Programa Inclusivo de Desarrollo Empresarial Rural (PRIDER), que en Ayacucho es implementado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Cooperación Financiera de Desarrollo (COFIDE). El PRIDER concibe el sistema financiero formal una herramienta de desarrollo, y por ello intenta acercar a las poblaciones rurales a éste a través de cursos de alfabetización financiera y el acompañamiento con asesoría técnica.

El producto insignia del PRIDER es la Unión de Crédito y Ahorro (ÚNICA), una metodología a través de las cuales grupos pequeños de hasta 30 productores y productoras se reúnen para apoyarse en la gestión financiera. Valentina es presidenta de una ÚNICA, y en el primer año de implementación del Programa han logrado cuadruplicar los fondos iniciales; con las utilidades, han logrado mejorar sus medios de producción a través de la compra de cuyes mejorados, y la diferencia ya se empieza a notar en sus hogares y su comunidad.

“Al comienzo, en la ÚNICA éramos solo 8 mujeres. Antes, los varones –como tenían más plata- humillaban a las mujeres, ellos mandaban en la casa. Pero las mujeres también queremos salir adelante, igual o incluso más que los varones, queremos llevar plata a la casa, aportar y vivir con igualdad” Menciona.

Al igual que Valentina, más de un centenar de personas del distrito han decidido unirse al PRIDER, y se espera que al finalizar su implementación sean 40 ÚNICA’s las que estén funcionando en Ayacucho. Lambayeque, Cajamarca e Ica también han decidido apostar por esta metodología, y en total son 10,500 familias quienes se han sumado al PRIDER, con un capital acumulado de más de 43 millones de soles.

La mirada de Valentina es distinta mientras nos cuenta sus planes a futuro, para su hijo, para su comunidad, para ella. Ella cree que este es solo el inicio, y nosotros decidimos creer en ella.

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