Ruedo en las alturas

Foto: Adriana Kato
Foto: Adriana Kato

El Chaccu, tradición ancestral de arreo de vicuñas, es hoy una importante medida de adaptación al cambio climático basada en ecosistemas.

Partimos de la ciudad de Huancayo rumbo a la cordillera del Pariaccaca. Salir de Lima y de su vertiginosa velocidad siempre ha sido una experiencia reparadora, y este viaje no es la excepción. Vamos dejando atrás un sinnúmero de comunidades rurales: Chupaca, Pilcomayo, Sicaya, Orcotuna… Jauja. Estamos camino a la Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas, punto neurálgico del Proyecto de Adaptación basada en Ecosistemas de Montaña que implementa el Programa EbA en los Andes del Perú, y que mundialmente reúne experiencias en otros dos puntos: los Himalayas en Nepal y el Monte Elgon en Uganda.

En el camino, nuestros compañeros de viaje Edith Fernández-Baca, coordinadora del Proyecto EbA Perú, y Woodro Andía, coordinador de campo del mismo, nos preparan para lo que viene: ser testigos de un Chaccu no es algo que pueda ocurrirnos todos los días. Tanta es el nombre del pueblo que nos va a acoger esta noche, una localidad a 4.300 m.s.n.m, pero antes hacemos una parada para conocer el escenario del Chaccu: Moyobamba, una extensa llanura de pastos naturales y bofedales –o humedales de altura–  rodeada de nevados. Estamos en el punto más alto de este viaje, a unos 4.700 m.s.n.m.

Chaccu sanitario

Tanta, alojada en la sierra de Lima, al suroeste del nevado Pariaccaca, es una pequeña comunidad de casas de adobe y calaminas rojas a dos aguas, y de aproximadamente cuatrocientos habitantes. No hay servicio de internet pero sí agua, luz y señal de telefonía celular. En Tanta, además, hace un frío que congela los huesos. “Cuando se realizó el estudio de vulnerabilidad al cambio climático”, cuenta Edith Fernández-Baca, “constatamos que este poblado, por ser cabecera de cuencas que dan origen a tres ríos, Cañete, Mantaro y Pachacayo, debía tener un lugar preponderante en la ejecución de nuestro programa”.

Aspectos Destacados

  • El pueblo limeño de Tanta, uno de los más vulnerables ante el cambio climático según estudios de impacto ambiental, se ubica en la Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas.
  • Allí, se implementan y ejecutan acciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Unión Internacional para la Naturaleza (UICN), y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), a través de su Proyecto de Adaptación basada en Ecosistemas de Montaña (EbA Montaña).
  • El cuidado de la vicuña, asociado a la administración de la ganadería, es una de las medidas EbA en la zona. Gracias a él se recuperan los pastos y humedales naturales, se potencia la producción de fibra animal, se previene la erosión del suelo, se contribuye a la regulación hídrica, se crea oportunidades de empleo y se potencia la actividad turística.

Las prácticas comunes de la gente en esta área permitían que el ganado doméstico invadiera las zonas naturales y los pastizales de la puna, exclusivos de las vicuñas. “Especies de ovinos, vacunos y camélidos domésticos dañaban la capa vegetal superficial”, explica Fernández-Baca. “Esta actividad producía un desgaste en los suelos, agudizado por los cambios en las lluvias, y dificultaba la captura y penetración del agua causando escorrentías –agua de lluvia que discurre por la superficie de un terreno–  y erosión”.  Los expertos auguran que, de continuar la situación, para el 2030 Tanta sufrirá un stress hídrico sin precedentes. Pero no solo eso: zonas aledañas e incluso costeras como Cañete y Lima verán su provisión de agua –para consumo humano, agricultura y electricidad– profundamente menguada. “De igual manera, la convivencia sin control de las vicuñas con el ganado doméstico produjo el contagio de enfermedades parasitarias, especialmente la sarna de la alpaca y la llama”.

La vicuña es una especie silvestre de camélido que ayuda a promover las medidas de adaptación basada en ecosistemas porque no daña el suelo, como otras especies, sino que más bien lo aprovecha como alimento de una manera eficiente para la conservación del área. “Su adecuado manejo, así como la reubicación del ganado doméstico, son beneficiosos para la conservación de los ecosistemas, la provisión de agua y la producción de fibra animal”. Por eso resulta pertinente hablar del Chaccu o arreo de los individuos para cercarlos y, habitualmente, esquilarlos. Sin embargo, en esta ocasión, esta actividad tradicional tiene otro objetivo.

La noche anterior al Chaccu se lleva a cabo una reunión de coordinación donde se designan los títulos de los agentes más importantes de la jornada: impulsores, monitores, personal encargado de las mallas, banderolas y cuadrillas. Esta pequeña pero eficaz asamblea se realiza en el local comunal de Tanta en la plaza del pueblo. La encabezan los líderes comunales, el SERNANP y Woodro Andía. “El Chaccu sanitario –que no busca esquilar al animal sino medicarlo y brindarle un territorio adecuado– se realiza en el marco de una estrategia mayor de medidas EbA: el ordenamiento ganadero y el retorno de especies domésticas a la granja comunal, un eficaz trabajo con pastos altoandinos y recursos hídricos, y una potenciación del manejo de vicuñas y su ecosistema”, cuenta Andía. Por otro lado, “todas las decisiones tomadas y propuestas por el proyecto y el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP), socio estratégico en este marco, no son ejecutadas si no hay aceptación de los líderes, del presidente comunal y de la junta directiva del pueblo de Tanta”, agrega. Para Edith Fernández-Baca, el Chaccu es altamente compatible con las medidas EbA porque no involucra infraestructura gris permanente sino que apunta a la conservación del ecosistema, la fauna y la flora local.

Estampida de curación

Moyobamba. 6:20 a.m. Llegó el día. La extensa área de pastos que habitualmente es gobernada por el silencio vive ahora una exaltación ansiosa y colorida. Por primera vez, los tanteños llevan a cabo un Chaccu como medida sanitaria por iniciativa de la propia comunidad y el apoyo de las instancias involucradas en el proyecto EbA. El roce del viento sobre los pastos se mezcla con las aguas cristalinas de los arroyuelos que fragmentan la pampa. El eco choca contra las rocas ásperas que muestran su precaria vegetación.

Para la gran jornada se han implementado 3.600 metros de malla en dos flancos. Los encargados colocan las estructuras sobre las estribaciones rocosas para evitar que las vicuñas escapen ya que son muy ágiles y asustadizas. Comuneros, impulsores, monitores y cuadrillas se alistan para avanzar con banderillas formando un muro humano y azuzar a las vicuñas hacia el ruedo final de postes y cercos altos. Un escuadrón de veterinarios especialistas tiene ya preparada la medicina y antiparasitarios que administrarán a los camélidos finalmente atrapados. El cordón humano avanza.

Se divisan en el horizonte y las alturas los primeros ejemplares de fibra parda. Galopan, corren, estallan. Se van en todas direcciones y no cuentan con la urdimbre que evitará que alarguen el paso fuera del perímetro. La gente grita y se enfebrece. Las cabezas de grupo con decisión dan las últimas voces de mando. Las vicuñas espantadas se dirigen hacia el círculo que las dotará de vida.

Minutos después empiezan las celebraciones de la población: la algarabía, la música, los brindis.

La caza sutil

Para ser primera vez, la jornada es un éxito. A 175 vicuñas entre adultas y crías se les aplica el medicamento antiparasitario, y luego son liberadas nuevamente a su hábitat, a sus pastizales. “Desarrollamos un piloto en Tanta, pero queremos replicar estas medidas en otras comunidades igual de vulnerables al cambio climático”, subraya Andía, quien además destaca la actuación de los técnicos e investigadores de la comunidad: Hugo Fernández, experto en vicuñas, y Romel Segura, ingeniero agrónomo, experto en ganadería y pastos naturales. “Es una ventaja contar con personal y técnicos de extracción campesina y ganadera, naturales de Tanta, porque conocen la Reserva”.

El trabajo de toda la comunidad hace que los esfuerzos y los días de sensibilización, capacitación y actuación de los distintos agentes en el manejo adecuado de las vicuñas en silvestría, dé sus frutos. “Participaron el municipio, la comunidad, los líderes, SERNANP, el proyecto, la escuela, el colegio, las mujeres y organizaciones de base”, sonríe Andía. El plan de manejo de vicuñas era esperado por la alcaldesa de Tanta, Gloria Reyes, como por los pobladores. “Combatimos la sarna y su contagio y promovemos el potencial de la vicuña como una forma de generar ingresos por su fibra, que es muy cotizada en el mercado internacional”, agrega. “El ordenamiento ganadero debe ser una de nuestras divisas; y nuestra tarea por ahora es empoderar a la población tanteña para que administre sus pastos y su granja comunal. Así evitaremos en buena medida el impacto del cambio climático, la erosión de los suelos y la desregulación de nuestros recursos hídricos”. 

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